“Entender cómo se formula un alimento seco es el primer paso para elegirlo con criterio”
Hoy en día existen múltiples formas de alimentar a perros y gatos: desde opciones húmedas —incluyendo dietas crudas y cocinadas— hasta alimentos secos, semihúmedos y también formatos deshidratados o liofilizados. Entre todas ellas, el alimento seco continúa ocupando un lugar especialmente relevante en el mercado global. Solo este segmento alcanzó un valor estimado de 29,67 mil millones de dólares en 2024, dentro de un mercado total de alimentación para mascotas que superó los 103 mil millones de dólares en 2023.
A pesar del creciente interés por alternativas más frescas o personalizadas, el pienso sigue siendo la primera elección para muchos tutores. Su éxito se explica por su comodidad, facilidad de almacenamiento y larga vida útil. Por ello, continúa siendo una opción ampliamente utilizada tanto en hogares como en entornos profesionales.
Este artículo se centra exclusivamente en animales sanos. En presencia de patologías —como enfermedad renal, problemas urinarios, pancreatitis o alergias alimentarias— los criterios de selección cambian por completo y requieren valoración clínica individualizada.
Un alimento seco para perros y gatos suele elaborarse mediante extrusión, un proceso que permite obtener un producto con bajo contenido de humedad —habitualmente entre un 8 y un 11%— favoreciendo su conservación, aunque no elimina por completo el riesgo de alteraciones o contaminaciones.
La extrusión consiste en mezclar los ingredientes en forma de harina, someterlos a altas temperaturas, presión y humedad, y finalmente expulsarlos a través de una matriz que les da forma. Para que este proceso funcione, la mezcla necesita obligatoriamente una cantidad suficiente de almidón. Por este motivo, un alimento seco requiere entre un 30 y un 40% de carbohidratos, y en algunos casos incluso más. Sin esta proporción mínima, el producto no expandiría, no formaría croquetas y no tendría la textura característica del pienso.
La especificidad es un indicador clave de transparencia. Términos como “ave”, “proteína animal” o “grasa animal” son demasiado genéricos y no permiten saber qué especies se han utilizado ni en qué proporción. Esta falta de detalle dificulta la trazabilidad y puede ocultar variabilidad significativa entre lotes.
En cambio, denominaciones como “carne de pollo deshidratada”, “harina de salmón” o “carne de pavo” son claras y permiten identificar la fuente proteica.
En cuanto a los subproductos animales, su valoración depende por completo de la información que aporta la etiqueta. Para que sean aceptables, debe indicarse con claridad qué partes se han utilizado —por ejemplo, hígado, corazón, riñón o cualquier otro tejido— y de qué especie proceden. Cuando la etiqueta se limita a términos genéricos como “subproductos animales” o “grasa animal”, no es posible saber qué incluye exactamente ni evaluar su calidad. La falta de especificación es el problema central: sin una identificación precisa de cada componente, el consumidor no dispone de información suficiente para valorar el ingrediente.
El envase puede resultar atractivo, pero no siempre refleja la composición del producto. Fotografías de carne fresca o verduras no garantizan que sean los ingredientes principales. Términos como “natural”, “premium”, “holístico” o “gourmet” carecen de definición legal estricta.
La decisión debe basarse en la composición analítica, la lista de ingredientes y la información concreta que el fabricante proporciona sobre el origen y la calidad de sus materias primas.
A la hora de elegir un alimento seco, conviene priorizar:
Un buen alimento seco no se define por su envase, sino por la honestidad de su etiqueta y la calidad real de sus ingredientes.
También es importante identificar qué ingredientes conviene evitar. En general, no son recomendables los piensos que emplean antioxidantes sintéticos como BHA, BHT o etoxiquina.
Uno de los aspectos menos visibles —pero más relevantes— del alimento seco es su contenido en carbohidratos. A diferencia de la proteína, la grasa o la fibra, la mayoría de las marcas no indican directamente este valor en la etiqueta, lo que obliga a estimarlo mediante cálculos indirectos. Aunque aquí no entraremos en detalle sobre cómo calcularlo, sí es importante comprender por qué este dato tiene peso en la elección del producto.
Desde el punto de vista fisiológico, los perros son carnívoros con comportamiento omnívoro oportunista: pueden digerir y utilizar carbohidratos, aunque no los necesitan en grandes cantidades. Los gatos, en cambio, son carnívoros estrictos, con una capacidad metabólica mucho más limitada para manejar cargas elevadas de almidón. Por este motivo, un alimento seco con un porcentaje elevado de carbohidratos no es la opción más adecuada, especialmente para ellos. En animales sanos, la recomendación general es optar por piensos que contengan la menor proporción de carbohidratos posible, siempre dentro de los límites que exige la tecnología de extrusión.
En el pienso, los carbohidratos proceden casi siempre de almidones refinados como arroz, maíz, trigo, patata, guisante o tapioca. Durante la extrusión, estos almidones se gelatinizan, lo que los convierte en carbohidratos altamente disponibles y capaces de elevar con rapidez la glucosa y la insulina postprandial. En gatos —carnívoros estrictos— esta respuesta es especialmente relevante, ya que su capacidad metabólica para manejar grandes cargas de almidón es limitada. En perros sanos, aunque la tolerancia es mayor, sigue siendo un aspecto a considerar.
En cambio, los carbohidratos presentes en alimentos frescos suelen ser carbohidratos estructurales, procedentes de verduras, tubérculos o frutas. Conservan su matriz vegetal, contienen fibra y se digieren de forma más lenta y gradual, lo que se traduce en una carga glucémica mucho menor. Además, en una dieta fresca no es necesario añadir almidón para “dar forma” al alimento, por lo que su presencia es opcional y no responde a una necesidad tecnológica.
Por todo ello, es importante recordar que no todos los carbohidratos son iguales: su origen, su grado de procesamiento y su función dentro del alimento determinan su impacto real en el organismo del perro o del gato.
Este artículo se centra en animales sanos. En presencia de patologías —como enfermedad renal, problemas urinarios, pancreatitis o alergias alimentarias— los criterios de elección cambian por completo y requieren una valoración veterinaria adecuada. A partir de ese diagnóstico, la selección de la dieta más apropiada debe realizarse con el apoyo de un profesional especializado en nutrición, capaz de adaptar la alimentación a las necesidades reales del animal y garantizar un equilibrio seguro y eficaz.
Referencias:
Web: www.magalinutrianimal.com / www.magalinutritionanimale.fr
Tel: 601 43 93 96
Mail: magalinutripets@gmail.com
“Términos como “natural” o “premium” no garantizan calidad: la composición analítica es lo que realmente importa”

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