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Cada 21 de julio se celebra el Día Mundial del Perro, una fecha que coincide con el momento del año en el que más tiempo compartimos con ellos al aire libre: playas, piscinas, largos paseos y planes bajo el sol. Sin embargo, ese verano tan esperado también pone a prueba la salud de su piel y su pelo.
Es un cambio importante, porque en verano se acumulan el agua salada o clorada, la arena y muchas horas de exposición al sol. Cada uno de estos factores puede resecar o irritar la piel por sí solo, pero su efecto es acumulativo y acaba afectando de forma significativa al bienestar de la piel, el estado del pelo y la salud general del animal. No se trata de bañarlo menos ni de renunciar a la playa, sino de incorporar unos cuidados muy sencillos antes y después de cada salida.
El agua de mar, de forma puntual, no supone un problema; incluso la sal puede tener un ligero efecto calmante sobre pequeñas irritaciones. El problema aparece cuando el salitre se seca sobre la piel y el pelo y no se elimina: deja residuos que resecan, producen tirantez y pueden acabar provocando irritación. Además, el pelo pierde suavidad y brillo. Por eso, aclararlo con agua dulce después del baño es imprescindible y, si se completa con un champú y un acondicionador hidratantes, mejor aún, ya que ayudan a recuperar la hidratación perdida.
No es tan inofensiva como parece. Es abrasiva, puede provocar rozaduras entre los dedos, en las axilas y en otras zonas sensibles. Además, retiene mucho calor y puede llegar a quemar las almohadillas durante las horas centrales del día. Si no se elimina al volver a casa, favorece la formación de nudos en el pelo. Lo recomendable es retirar bien el exceso de arena y revisar patas y pliegues antes de que el animal se seque por completo.
Son una de las zonas que más sufren durante el verano y, sin embargo, de las que menos nos acordamos. El contacto continuado con arena, asfalto o piedra calientes puede provocar quemaduras, sequedad y grietas. Conviene revisarlas a diario, mantenerlas hidratadas y evitar caminar sobre superficies muy calientes durante las horas de mayor insolación. Y hay una regla muy sencilla: si el suelo quema al tocarlo con la mano, también quema para sus patas.
Sí. Aunque solemos pensar que el pelo los protege por completo, las zonas con menos pelo o de piel clara, como la trufa, las orejas o la barriga, son especialmente sensibles a la radiación solar. Con el tiempo pueden sufrir quemaduras o un envejecimiento prematuro de la piel. En perros de pelo corto o capa clara conviene aplicar un protector solar específico antes de salir y procurar que dispongan de sombra durante las horas de más calor.
En verano el cepillado cobra aún más importancia. Hacerlo antes del baño ayuda a eliminar arena y pequeños nudos; después, con el pelo limpio, favorece la oxigenación de la piel y mejora la circulación del aire, lo que contribuye a la termorregulación. Además, es el momento ideal para revisar la piel y detectar rojeces, costras, bultos o incluso parásitos que podrían pasar desapercibidos.
Un neceser de viaje con productos básicos en formato reducido: un champú y condicionador hidratantes, una bruma calmante y un protector para las almohadillas. Con estos cuatro productos es posible mantener una rutina de cuidado sencilla y eficaz durante todo el verano, sin ocupar apenas espacio en el equipaje.

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