Bona Iberia, S.L.
En pleno verano, el aumento de las temperaturas y la mayor presencia de humedad en algunas zonas favorecen la actividad de mosquitos y otros insectos que pueden afectar al bienestar de perros y gatos. Entre los más relevantes se encuentran el mosquito común, el mosquito tigre y los flebótomos, pequeños insectos similares a los mosquitos que pueden transmitir enfermedades como la leishmaniosis. En este contexto, Tiendanimal, especialista en productos y servicios para animales de compañía en Iberia, recuerda la importancia de conocer cuáles son los insectos más peligrosos durante esta época del año, en qué zonas conviene extremar la precaución y qué medidas pueden ayudar a reducir el riesgo de picaduras.
Aunque una picadura puede parecer una molestia puntual, en perros y gatos puede provocar enrojecimiento, inflamación, picor intenso, lesiones por rascado o reacciones cutáneas. Además, algunos insectos pueden actuar como transmisores de enfermedades parasitarias. Es el caso de la dirofilariosis, también conocida como enfermedad del gusano del corazón, que se transmite a través de mosquitos infectados, o de la leishmaniosis, vinculada a la picadura de flebótomos y especialmente relevante en perros, aunque los gatos también pueden infectarse y desarrollar la enfermedad.
“En verano no debemos fijarnos solo en si el animal tiene una picadura visible. Lo importante es prevenir, porque algunos insectos pueden transmitir enfermedades que no siempre muestran signos evidentes al principio. La recomendación es revisar de forma periódica al animal, mantener al día la pauta antiparasitaria indicada por el veterinario y consultar ante síntomas como apatía, tos, pérdida de peso, lesiones en la piel, inflamación, picor persistente o cambios de comportamiento”, explica Eva Sánchez-Paniagua, directora técnica veterinaria de Clinicanimal.
El mosquito común es habitual en entornos urbanos y periurbanos, especialmente en zonas con agua acumulada, jardines, patios, terrazas o áreas próximas a ríos y humedales. Su picadura puede causar molestias locales, pero también puede estar implicado en la transmisión de determinados parásitos, como los relacionados con la dirofilariosis.
El mosquito tigre, reconocible por su pequeño tamaño y sus características franjas claras, suele estar presente en zonas cálidas y húmedas, y puede encontrarse con facilidad en espacios exteriores donde haya recipientes, macetas, cubos o cualquier punto en el que se acumule agua. También puede actuar como vector de Dirofilaria spp., por lo que su importancia veterinaria no se limita únicamente a las molestias provocadas por su picadura. Aunque su impacto depende de la zona y de la presencia de agentes infecciosos, su actividad durante los meses de calor lo convierte en un insecto para tener en cuenta en la prevención diaria.
Los flebótomos, por su parte, no son mosquitos en sentido estricto, aunque muchas veces se confunden con ellos. Son insectos pequeños, silenciosos y de actividad principalmente crepuscular y nocturna. Su importancia veterinaria radica en que pueden transmitir la leishmaniosis, una enfermedad que puede afectar de forma grave a los perros si no se previene, diagnostica y controla a tiempo y que también puede afectar, aunque con menor frecuencia, a los gatos.
“Una de las claves es entender que no todos los insectos implican el mismo riesgo ni todas las zonas tienen la misma exposición. Por eso, antes de viajar con un perro o un gato, especialmente en verano, conviene consultar con el veterinario si es necesario reforzar la protección antiparasitaria o adaptar la pauta preventiva”, señala Eva Sánchez-Paniagua.
En España, el riesgo puede variar según la zona geográfica, la época del año, las temperaturas, la humedad y los hábitos del animal. En el caso de la leishmaniosis, diferentes estudios sitúan las áreas de mayor riesgo en zonas del suroeste y centro peninsular, la costa mediterránea, Baleares y la cuenca del Ebro, aunque su distribución es dinámica y actualmente existen áreas de riesgo en diferentes puntos de España Para la dirofilariosis, las zonas de especial atención incluyen áreas cálidas y húmedas, con presencia relevante en regiones como Andalucía, Extremadura, Canarias, Baleares y zonas de costa, aunque la expansión de vectores hace recomendable no bajar la guardia en otras áreas.
También conviene extremar la precaución en viajes a zonas rurales, áreas próximas a ríos, embalses o humedales, viviendas con jardín, espacios con vegetación densa o lugares donde pueda acumularse agua estancada. En estos entornos, los mosquitos y flebótomos pueden encontrar condiciones favorables para reproducirse o mantenerse activos durante más tiempo.
La prevención debe plantearse de forma individualizada. En perros, el veterinario puede recomendar collares o pipetas con efecto repelente frente a flebótomos y mosquitos, así como otros antiparasitarios externos o internos según el riesgo de cada zona. En determinados casos, también puede valorar medidas adicionales frente a enfermedades concretas, la vacunación frente a la leishmaniosis o la prevención farmacológica frente a la dirofilariosis.
En gatos, la prevención requiere una atención especial. Algunos productos formulados para perros pueden resultar tóxicos e incluso potencialmente mortales para ellos, por lo que nunca se debe aplicar un antiparasitario sin confirmar previamente que es apto para gatos. La especie, la edad, el peso, el estado de salud, el estilo de vida y si el animal vive en interior, exterior o viaja con frecuencia son factores determinantes para elegir la opción más segura.
“La protección antiparasitaria no debería elegirse solo por comodidad o duración, sino por adecuación al animal y al riesgo real. No es lo mismo un perro que vive en una zona urbana y sale a paseos cortos que otro que viaja a la costa, duerme en una vivienda con jardín o pasa tiempo cerca de zonas húmedas. Y en gatos, la seguridad del producto es especialmente importante”, añade Eva Sánchez-Paniagua.
Además del uso de antiparasitarios adecuados, los tutores pueden aplicar medidas sencillas en casa y durante los paseos. Entre ellas, evitar salidas en las horas de mayor actividad de flebótomos, especialmente al atardecer y durante la noche; retirar agua acumulada en platos, macetas o cubos; revisar mosquiteras; mantener limpias terrazas y jardines; y observar la piel y el pelaje después de paseos o estancias al aire libre.
El verano es una época de mayor exposición a insectos, desplazamientos y actividades al aire libre. Por ello, conocer los riesgos, adaptar la prevención a cada animal y consultar con el veterinario ante cualquier duda resulta clave para proteger la salud de perros y gatos. Una actuación preventiva, constante y ajustada a cada caso permite reducir el riesgo de picaduras y detectar a tiempo posibles signos de alerta.

Pet Shop, Pet Care & Pet Grooming