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"La clave está en no considerar el pelo como un problema aislado"
Irene Alfonso, veterinaria especializada en dermatología en DermadridVet
06/10/2026
Muchas veces, el motivo de consulta es que el gato tiene caspa, pero lo que realmente estamos viendo es una descamación de la piel. Y esta diferencia es importante.
En un gato sano, el pelo y la piel deberían mantenerse en buenas condiciones gracias, entre otras cosas, al acicalamiento constante. Cuando un animal deja de acicalarse correctamente, la piel puede acumular descamación y el pelo pierde calidad, adquiriendo un aspecto más sucio o apagado.
Además, diferentes problemas dermatológicos pueden provocar descamación. Puede tratarse de una enfermedad de la piel, de una infestación por parásitos o de otras alteraciones que afectan a la salud cutánea.
Por eso, cuando veo un gato con caspa persistente o con un cambio evidente en el aspecto del manto, considero importante no quedarse únicamente con lo que vemos en el pelo. Hay que intentar averiguar qué está ocurriendo en la piel y cuál es el origen de esa alteración.
Una de las situaciones que encuentro con frecuencia es la intención de solucionar el problema actuando directamente sobre el pelo. Se buscan champús, suplementos o productos destinados a mejorar su aspecto.
Pero el pelo no debería tratarse como un problema aislado.
Si el problema es una enfermedad dermatológica, tendremos que tratar esa enfermedad dermatológica y el pelo volverá a salir. Si el problema está dentro, tendremos que tratar el problema de dentro y el pelo mejorará. Por eso, no considero adecuado convertir los suplementos o los productos destinados a mejorar el pelo en una solución general. Antes de utilizarlos, deberíamos intentar determinar qué está provocando el cambio.
En dermatología, muchas veces el aspecto externo es solamente la manifestación de algo que está sucediendo en otro lugar.
Hay otro signo que los tutores pueden detectar fácilmente en casa: los pequeños puntos negros que aparecen en la barbilla del gato. Es uno de los signos más característicos del acné felino. En ocasiones, el pelo puede verse más abultado y, al separarlo, podemos observar numerosos puntos negros agrupados alrededor de los folículos. Es algo que se ve muy fácilmente, sobre todo si el gato es clarito, aunque también puede detectarse en gatos de pelo oscuro.
Además de los cambios visibles, algunos gatos pueden mostrar molestias o picor y tocarse la zona con frecuencia.
Mi recomendación es prestar atención a cualquier cambio en la barbilla, especialmente cuando los puntos negros aparecen de forma evidente o se acompañan de inflamación. No deberíamos asumir automáticamente que se trata de un problema puramente superficial sin valorar qué está ocurriendo en esa zona.
Las lesiones cutáneas también pueden estar relacionadas con una pioderma, es decir, una infección bacteriana de la piel.
Su evolución dependerá, entre otros factores, del estado general del animal. En un gato sano puede tratarse de una infección localizada que responda bien a tratamientos tópicos y medidas antisépticas. Sin embargo, la situación puede ser más compleja cuando existe una enfermedad subyacente que afecta al sistema inmunitario.
En estos casos, para mí hay una cuestión fundamental: es importante saber si el gato está sano o no.
Cuando una lesión se inflama, produce molestias o no evoluciona favorablemente, la valoración veterinaria resulta especialmente importante. No se trata únicamente de tratar la lesión que estamos viendo, sino de determinar por qué ha aparecido y cuál es el tratamiento adecuado.
El gato también puede necesitar una revisión, aunque el problema parezca estar solo en el pelo
Los gatos son animales especialmente cuidadosos con su higiene. Por eso, cualquier cambio mantenido en el aspecto del pelo debería hacernos parar y observar.
Descamación, zonas sin pelo, lesiones, costras, cambios en la calidad del manto o alteraciones en la piel son señales que no deberíamos pasar por alto.
La clave está en no considerar el pelo como un problema aislado. El pelo, por sí solo, como lesión, no tiene sentido tratarlo sin buscar el origen.
Cuando un tutor observa un cambio persistente en la piel o el manto de su gato, mi recomendación es consultar con un veterinario. Puede tratarse de una enfermedad dermatológica, una infección, un problema parasitario o alguna alteración subyacente que necesite tratamiento.
Porque, en muchas ocasiones, lo que vemos en el pelo es solamente la forma en la que la piel nos está diciendo que algo está pasando.

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