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La relación con perros y gatos está cambiando; también lo hace la forma en la que compramos para ellos
No es solo una cuestión de tendencia. Es el reflejo de un cambio profundo en la relación entre las personas y los animales de compañía.
En Europa, 140 millones de hogares conviven ya con al menos una mascota, el 49% del total, según los últimos datos de FEDIAF publicados en 2026. El continente suma 306 millones de animales de compañía. Perros y gatos concentran buena parte de esta realidad: son, además, las especies que más han ganado protagonismo dentro del hogar y de las categorías de consumo asociadas al pet care.
España no es una excepción. El último censo de ANFAAC y Veterindustria sitúa en más de 20 millones el número de mascotas en nuestro país. En el caso de los gatos, el censo alcanza ya los 4,94 millones, consolidándolos como el segundo animal de compañía más presente en los hogares españoles. La propia ANFAAC apunta a un cambio en la percepción social. Las mascotas han pasado a ser consideradas un miembro más de la familia en millones de hogares. Y cuando cambia el vínculo, cambia también el consumo.
El matiz no es lingüístico. Define una nueva manera de relacionarse con la categoría.
El animal deja de ser únicamente el destinatario de un producto funcional y pasa a formar parte de las decisiones, los rituales y la identidad del hogar. La elección ya no responde solo a “¿qué necesita mi perro?”, sino también a “¿qué encaja con nuestra vida?”, “¿qué le gusta?”, “¿qué nos representa?” o incluso “¿qué me apetece compartir con él?”.
Los datos de Euromonitor reflejan esta transformación con claridad: el 69% de los millennials y el 68% de la Gen Z encuestados en 2025 considera a sus mascotas miembros de la familia. Esta humanización está impulsando, además, una mayor disposición hacia productos diferenciados, funcionales y con una propuesta de valor más emocional.
Aquí aparece una oportunidad especialmente interesante para el licensing. Porque si una mascota forma parte de la identidad de su familia, ¿por qué no iba a tener también sus propios personajes, universos y códigos?
El licensing lleva décadas demostrando que un personaje puede convertirse en una puerta de entrada emocional a una categoría. En pets, esta lógica adquiere una dimensión nueva.
Un personaje conocido aporta personalidad, pertenencia y una conexión que puede trascender la compra funcional. Mickey, Stitch, Harry Potter, Marvel o Hello Kitty no son simplemente gráficos que aplicar sobre un producto; son universos que permiten construir una relación entre la mascota, su dueño y aquello que ambos comparten.
Y eso cambia especialmente la conversación cuando hablamos de accesorios, hogar y juego.
La categoría está evolucionando desde el producto puramente utilitario hacia propuestas que incorporan diseño, entretenimiento, bienestar, personalización y experiencia. El crecimiento de productos de enriquecimiento es una buena muestra: en una investigación internacional publicada en 2026, los propietarios señalaban la estimulación mental, la reducción del estrés y la actividad física entre los principales motivos para comprar este tipo de productos.
El juguete, por tanto, deja de ser un simple objeto que “mantiene entretenido” al animal. Puede convertirse en una experiencia.
Especialmente en perros y gatos, jugar significa explorar, estimular, moverse, interactuar y reforzar el vínculo con su entorno.
La oportunidad está precisamente en ese espacio intermedio entre funcionalidad y emoción. Un arnés deja de ser solamente un arnés cuando se convierte en una pieza que expresa personalidad. Una cama puede formar parte del universo estético de una casa. Y un juguete puede convertirse en ese pequeño objeto que apetece tener a la vista.
No basta con poner un personaje sobre un producto. Hay que entender la categoría, respetar el comportamiento del animal, trabajar el producto desde su uso real y conseguir que el universo de la licencia tenga sentido dentro de ese contexto. Ahí es donde el conocimiento de producto y el conocimiento de licensing tienen que trabajar juntos.
En Cerdá llevamos cuatro décadas trabajando en licensing, y esta experiencia nos ha enseñado algo que resulta especialmente relevante en la categoría de pets: una licencia no se traslada de una categoría a otra; se interpreta.
Nuestra propuesta combina universos de entretenimiento y lifestyle con una gama pensada para acompañar distintos momentos de la vida de perros y gatos: desde collares, correas y arneses hasta hogar, comederos, accesorios y, cada vez con mayor protagonismo, juguetes y productos vinculados al juego y la actividad.
La amplitud responde a una realidad de mercado, ya que el consumidor no entiende necesariamente la mascota por categorías. Entiende a su mascota como parte de su día a día. Una mañana con el arnés de su personaje favorito. Un paseo. Un rato de juego. Un accesorio en casa. Un pequeño detalle que conecta con una película, una saga o un personaje que forma parte de su propia historia.
Porque si durante años hemos aprendido a convertir personajes en moda, regalo, papelería, belleza o accesorios, ahora tenemos delante un territorio en el que el vínculo emocional ya existe antes incluso de que aparezca el producto.
La cuestión es saber construir alrededor de él. Y en Cerdá sabemos cómo hacerlo.
Porque al final, si las mascotas forman parte de la familia, también queremos que formen parte de nuestros universos favoritos.

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