Ownat - Cotécnica, S.C.C.L.
"Detectar un cambio a tiempo y saber cómo responder puede ser tan importante como disponer de los equipos adecuados"
Por eso, cuando hablamos de seguridad anestésica, debemos mirar más allá del resultado inmediato.
Me gusta hablar de 'anestesia a la carta' porque cada paciente necesita un abordaje adaptado a sus características, sus antecedentes y el procedimiento al que va a someterse.
No podemos abordar de la misma manera a un animal joven y aparentemente sano que a un paciente geriátrico, con obesidad o con patologías que aumentan la complejidad de la intervención y, por supuesto, debemos tener en cuenta el tipo de cirugía y las condiciones en las que se desarrollará la recuperación.
Para tomar decisiones necesitamos información, y es por eso que la valoración preanestésica nos permite conocer el estado del paciente e identificar posibles riesgos. Las pruebas dependerán de cada caso, pero no todo consiste en realizar exploraciones. También debemos conocer los antecedentes del animal y escuchar a quien convive con él.
El tutor puede aportar información relevante sobre su comportamiento, sus hábitos o los cambios que ha observado. A su vez, necesita comprender los riesgos y las decisiones que se plantean.
Una buena planificación requiere esa comunicación en ambas direcciones.
Durante la anestesia, los equipos de monitorización nos ayudan a seguir la evolución del paciente y detectar cambios que pueden requerir una intervención, pero disponer de esa información no basta, hay que saber interpretarla y actuar cuando sea necesario.
Por eso, la seguridad anestésica también depende de la formación y la organización del equipo. Es importante que exista una supervisión adecuada y que un veterinario con capacidad para tomar decisiones pueda responder ante las complicaciones.
Y no se trata de contraponer clínicas pequeñas y hospitales veterinarios, porque el tamaño del centro no determina por sí solo la calidad de la atención. Lo importante es contar con los recursos, las competencias y la organización necesarios para atender al paciente de forma segura.
La monitorización, por sí sola, no evita las complicaciones. Detectar un cambio a tiempo y saber cómo responder puede ser tan importante como disponer de los equipos adecuados.
Cuando termina la cirugía, es fácil pensar que la parte más delicada ya ha pasado, sin embargo, el paciente sigue recuperándose de los efectos de la anestesia y necesita vigilancia.
La recuperación no es un trámite ni una fase ajena al trabajo anestésico. Es parte del mismo proceso y requiere atención hasta que el animal esté en condiciones de continuar con los cuidados previstos. Por eso, al evaluar nuestros resultados, no deberíamos fijarnos únicamente en si el paciente ha despertado. También debemos considerar cómo ha evolucionado durante la recuperación y si hemos detectado y atendido adecuadamente cualquier complicación.
La anestesia veterinaria requiere conocimientos específicos, planificación y capacidad para tomar decisiones que pueden cambiar en poco tiempo. También exige revisar nuestra propia práctica y saber cuándo necesitamos profundizar en una valoración, adaptar un protocolo o consultar con otro profesional.
La experiencia no consiste en repetir aquello que ha funcionado anteriormente, sino en comprender qué necesita cada paciente y actuar en consecuencia.
Creo que debemos dar a la anestesia la importancia que merece dentro de la medicina veterinaria. Su éxito no debería medirse únicamente por si el animal sobrevive a la cirugía, sino también por cómo lo hemos cuidado antes, durante y después del procedimiento.
Porque anestesiar no es simplemente conseguir que un animal se duerma y despierte. Es conocer al paciente, anticipar los riesgos que podamos identificar y asumir la responsabilidad de las decisiones que tomamos.

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