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Tiendanimal, especialista en productos y servicios para animales de compañía en Iberia, advierte de los riesgos que las altas temperaturas suponen para perros y gatos en un contexto marcado por el inicio oficial del verano y por el episodio de calor extremo que atraviesa estos días buena parte de España. Ante este escenario, la compañía, junto con la voz experta de Eva Sánchez-Paniagua, directora técnica veterinaria de Clinicanimal, pone el foco en la prevención y en la importancia de adaptar las rutinas diarias para evitar problemas de salud que pueden agravarse en muy poco tiempo.
Cuando suben las temperaturas, el riesgo no se limita a los momentos al aire libre. También puede haber situaciones de peligro en casa, en trayectos cortos en coche, en terrazas o en estancias poco ventiladas. Por eso, más allá de evitar las horas centrales del día, es importante revisar cómo se organiza la rutina completa del animal y asegurarse de que cuenta en todo momento con agua fresca, sombra y un espacio adecuado para descansar.
“Existe la falsa sensación de que si el animal está en casa ya está protegido, y no siempre es así. También hay riesgo en viviendas mal ventiladas, balcones con sol directo o desplazamientos aparentemente cortos. Y en gatos, además, muchas veces el problema pasa más desapercibido porque tienden a reducir su actividad o a esconderse más”, añade Sánchez-Paniagua.
1. Evitar los paseos en las horas de más calor
Las salidas deben hacerse a primera hora de la mañana o al final del día, cuando la temperatura es más baja y el esfuerzo físico resulta menos exigente. En las franjas centrales, el calor acumulado, la exposición directa al sol y la falta de sombra pueden hacer que el animal se sobrecaliente en muy poco tiempo, incluso aunque el paseo sea corto.
2. Comprobar siempre la temperatura del suelo
Antes de salir, conviene revisar si el asfalto, la acera o cualquier otra superficie están demasiado calientes. Si quema al tacto, también puede dañar las almohadillas del animal y convertir un paseo rutinario en una experiencia dolorosa y de riesgo. Este es uno de los peligros más habituales del verano y, a menudo, uno de los más infravalorados.
3. Llevar siempre agua y reforzar la hidratación
En días de altas temperaturas, el acceso al agua debe ser constante. En casa, es importante renovar el agua con frecuencia y colocarla en zonas frescas; fuera, conviene llevar siempre un bebedero portátil o una botella adaptada para poder ofrecer agua durante el paseo o en cualquier desplazamiento. Mantener una buena hidratación es una de las medidas más sencillas y, al mismo tiempo, más eficaces.
4. No dejar nunca al animal dentro del coche
Ni un minuto, ni con la ventanilla entreabierta, ni durante una parada rápida. El interior de un vehículo puede alcanzar temperaturas peligrosas en muy poco tiempo, incluso aunque desde fuera parezca que no hace tanto calor. Es una situación de alto riesgo que puede provocar un golpe de calor en cuestión de minutos.
5. Garantizar sombra, ventilación y zonas de descanso frescas
Cuando aprieta el calor, no basta con que el animal esté dentro de casa. Perros y gatos necesitan contar con espacios donde puedan descansar sin sol directo, con una ventilación adecuada y con una sensación real de frescor. En viviendas calurosas, terrazas, balcones o estancias cerradas, el riesgo también existe, por lo que conviene revisar bien dónde pasa más tiempo el animal durante el día.
6. Reducir el ejercicio y los juegos intensos
Durante los días más calurosos conviene rebajar la actividad, evitando carreras, juegos intensos o ejercicios prolongados, especialmente en exteriores. El verano no solo obliga a cambiar el horario de los paseos, sino también el ritmo. En animales más sensibles, un exceso de actividad puede disparar rápidamente la temperatura corporal. Los perros no sudan como las personas y dependen principalmente del jadeo para disipar el calor, por lo que su capacidad para termorregular es más limitada.
7. Prestar especial atención a los perfiles más vulnerables
No todos los animales toleran el calor de la misma manera. Los animales senior, cachorros, braquicéfalos, con sobrepeso o con patologías respiratorias o cardíacas pueden verse más afectados y necesitar una vigilancia aún mayor. También requieren especial atención aquellos animales con enfermedades endocrinas, neurológicas o que reciben determinados tratamientos farmacológicos. En estos casos, anticiparse y adaptar todavía más la rutina diaria es clave para evitar complicaciones.
8. Observar cualquier cambio de comportamiento
A veces, el primer aviso no es evidente. Un animal más apagado, que jadea en exceso, busca de forma insistente el suelo frío, se mueve menos de lo habitual o parece desorientado puede estar mostrando que el calor ya le está afectando. Observar estos cambios y no restarles importancia es fundamental para actuar a tiempo.
9. No olvidar que los gatos también sufren el calor
Aunque en verano muchas veces la atención se centre más en los perros, los gatos también pueden verse comprometidos por las altas temperaturas. En su caso, el riesgo puede pasar más desapercibido porque suelen mostrarse más quietos, esconderse o modificar menos su rutina de forma visible. Por eso, conviene vigilar si beben menos, si se muestran especialmente apagados o si cambian de comportamiento durante los días de más calor.
10. Actuar rápido ante cualquier signo de alarma
Si se sospecha un golpe de calor, no conviene esperar a ver si mejora por sí solo. Hay que llevar al animal a una zona fresca, ayudarle a bajar la temperatura de forma progresiva empleando agua fresca (no helada) sobre el cuerpo y favoreciendo la ventilación, y acudir cuanto antes al veterinario. La rapidez de reacción puede marcar una diferencia importante en la evolución del animal.
Reconocer a tiempo los signos de alerta puede marcar la diferencia. Un jadeo muy intenso, debilidad, vómitos, temblores, encías enrojecidas, apatía marcada, falta de coordinación o dificultad para mantenerse en pie son señales que no deben normalizarse. En situaciones avanzadas pueden aparecer diarrea, colapso, convulsiones, alteraciones neurológicas o pérdida de consciencia. Cuando aparecen, lo más importante es actuar con rapidez y buscar atención veterinaria.
“Cuando hay sospecha de golpe de calor, cada minuto cuenta. Cuanto antes se detecte y antes se intervenga, mejor pronóstico tendrá el animal. Por eso insistimos tanto en no restar importancia a las primeras señales”, señala Eva Sánchez-Paniagua.

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